Marta Aurelia Cortés Bruna

Epitafio, 29 de julio de 2011

Te voy hablar bajito, para no despertarte, quiero que descances y no te preocupes mas. La noche pronto será mañana y destrás del sol vendrán los pájaros que emigran, a llevarte a tu sur, a que por fin respires en lo alto de los bosques y entre cerros vuelvas a correr por las empinadas calles de tu puerto.

 

Te voy hablar bajito, por si en tu porfía sana, volvieses a responderme desde tu cielo.

 

Hay madre mía, no callarás nunca, porque en mi hablas aun. Aun planeas el viaje al punto feliz de tu vida, porque eres el argonauta que en su mesa extiende el mapa de los sueños que aun estan por descubrirse. En tus ojos aun el futuro con todas esas hermosas páginas en blanco, como un niño ante un papel y en sus manos cientos de lápizes de colores, asi tus hilos enfrente a enormes telas aun por teñirse de paisajes.

 

Te voy hablar bajito, para seguir escuchandote, para por fin entender el código final de tu existencia y sin demora soltar las amarras a tu nave para que marches asía esa tierra de todos, allí donde no hay mano escrita que guíe y predestine.

 

Te voy hablar bajito, para decirte que no hay olvido en mi ser, no hay decierto ni distancia. Porque de tantas zarpadas comenzaron tus cirenas al fin a entonar un canto al que no temíamos.

Me despediré sin cerrar la puerta, para seguir sintiendo que aun estas cerca, para seguir viendo la luz caer detrás de tu partida. Una luna unirá el horizonte con la mañana y en los destellos de octubre me alludarás a vencer el olvido.

 

Me despediré con un hasta pronto, y de mis labios un te quiero guardarás en tu equipaje para nutrir tu sincero amar. Bajaré para que lleves de mi memoria un día de telas y de hilos, una mañana de lluvia y otra de sol. Anda toma este fruto de tu propio huerto, también el pan de cuando yo amasaba mis letras fermentadas  en tu ambición por hacerme cómplice de un mejor destino.

Me despedire por un momento, porque lo eterno nace todo los días en los rincones de todos los que procedemos de tu vientre, eres un constante retorno a un mismo puerto. Madre, enormemente madre. Tú, mi esencia vital del género, la voz central de mi ser, algo asi como un cendero por el cual aún me llevas de la mano.

Cerraré los ojos y detrás de mi frente vendrás para siempre a compartir lo que me quede de vida. Un puñado de días que viviré llevando en mi pecho tu palpitar como una bendición de jamás olvidar, por esta estela efímera que se pierde en el mar.

 

Hasta pronto viajera de siempre, modista de estrellas, madre de cantores y poetas, déjame besar tu memoria y en tu frente dejar esta mi historia. Una estela más que apuntará a mi propio sur.

Hasta pronto madre y amiga mia, capitana de noches y días.

 

Ramón Pérez Cortés

Fuengirola 29 de julio 2011